En estos días el mundo económico mundial se sacudió con una noticia. Luego de tres décadas de un gran crecimiento, China desplazó a Japón como del segundo lugar. Los japoneses que estaban detrás de los Estados Unidos desde hace más de 40 años, no pudieron competir con el diez por ciento de ascenso chino. Antes, el milenario país había destronado a Alemania como primer exportador del mundo. Cuenta además con las mayores reservas de divisas del globo, unos 2,45 billones de dólares.

Entre otros datos interesantes, China no es sólo el principal acreedor de los Estados Unidos, fuertemente endeudado, sino que exige desde ya tener más peso en cuestiones de política económica y financiera. Desde el lanzamiento de la política de reforma y apertura del país comunista a fines de los 70 por parte de Deng Xiaoping, el Producto Interno Bruto de China ha superado al de Gran Bretaña, Francia y Alemania y ese surgimiento ha procurado a los países en desarrollo un peso más importante en el Banco Mundial (BM) y en el Fondo Monetario Mundial (FMI). Recientemente, China, que cuenta con una población de 1.300 millones de habitantes, se convirtió en el primer exportador mundial, primer mercado del automóvil y primer productor de acero.

Como era de esperar, rápidamente los cantos de sirena sobre el progreso de esa enorme economía no tardaron en llegar a nuestras fronteras. Pero estas cifras, si bien son importantes, no han logrado que los chinos adopten aires de triunfalismo. Todo lo contrario. "Deberíamos preocuparnos no sólo del PIB, sino también estar atentos al ingreso per cápita", dijo un funcionario chino del ministerio de Comercio. El ingreso por habitante en China es de 3.800 dólares, lo que sitúa el país en la 105ª posición mundial; el del argentino es de US$ 14.500 anuales. De los 1.300 millones de chinos, 150 millones viven bajo el línea de pobreza establecido por la ONU, dijo el portavoz. "La calidad del crecimiento económico chino debe mejorarse, ya sea en términos de calidad de vida o en términos de protección del medio ambiente, ciencia o tecnología", sostuvo. Con los pies en la tierra, la prensa china afirma que el hecho que su país se haya convertido en la segunda economía mundial no cambia la realidad de que se trata de un país en desarrollo, ni significa que sea la segunda potencia del planeta.

Algunos analistas occidentales consideran que China debería ejercer un papel de liderazgo mucho mayor a nivel mundial en temas como diplomacia, defensa del medio ambiente o derechos humanos. Se estima que en unos 15 o 25 años, podría superar a los Estados Unidos.

Este ascenso contundente que llevará seguramente a que más temprano o más tarde, China se convierta en el nuevo imperio del planeta. De ese modo, la Argentina debería replantear su posición y comenzar a interesarse por la historia, la cultura y el idioma chino, que es bastante complejo, por cierto, como un modo de ir familiarizándose. En nuestra edición del jueves, informamos que Tucumán le vendió a ese país en 2009 U$S 29,5 millones en poroto de soja y U$S 16,5 millones en aceites de limón y jugos concentrados.

Otro tanto deberíamos hacer con Brasil, nuestro hermano mayor del Mercosur, que se ha convertido en la octava economía del mundo, desplazando a España, y que tiene a China como su principal cliente. Como suele ocurrir en muchos aspectos, Brasil nos ha sacado ventaja porque el castellano se enseña en forma obligatoria en el ciclo medio, mientras que en nuestro país no sucede lo mismo con el portugués ni con la cultura brasileña.

Para no quedar a contramano de los cambios que suceden en el mundo, deberíamos olvidarnos de que "somos los mejores" y tratar de aprender con humildad de los otros.